06-08-2012 |
Una novela carcelaria o la última ofensiva mediática
En una semana donde la cancelación de los Boden 2012, bonos emblemáticos del default de 2001, puede leerse como un hito en la recuperación de la Argentina después del final planificadamente catastrófico del modelo neoliberal, ClarÃn y La Nación –con todas sus propaladoras asociadas– se dedicaron a lo que parece ser su única manera de hacer oposición: intentar asustar a sectores de la clase media, esta vez con la puesta en escena de una novela carcelaria. Por Daniel Cecchini.

En una semana donde la cancelación de los Boden 2012, bonos emblemáticos del default de 2001, puede leerse como un hito en la recuperación de la Argentina después del final planificadamente catastrófico del modelo neoliberal, Clarín y La Nación –con todas sus propaladoras asociadas– se dedicaron a lo que parece ser su única manera de hacer oposición: intentar asustar a sectores de la clase media, esta vez con la puesta en escena de una novela carcelaria. No es novedad que atemorizar a pequeños burgueses –muchos de ellos propensos a fascistizarse a la primera de cambio– siempre es un buen negocio para la derecha.
A esta altura ya no tiene sentido explicar que no se trató de salidas transitorias de presos –un derecho otorgado por la ley penal a las personas privadas de su libertad a partir del cumplimiento de la mitad de sus condenas–, y mucho menos para participar de “actos políticos kirchneristas”, sino de simples traslados para que pudieran asistir a actividades culturales. Estas actividades también están contempladas por la ley y forman parte de un proceso de resocialización de los detenidos que es tan importante como el cumplimiento efectivo de las penas.
Sin embargo, en la trama de la novela carcelaria –disfrazada de investigación periodística– que montaron los medios hegemónicos se pudo leer una historia de terror que podría sintetizarse así: mediante una utilización discrecional de las salidas transitorias, el gobierno (es decir, el kirchnerismo) los reunió en actos políticos con el fin de cooptarlos, vaya uno a saber con qué terribles intenciones. Una de ellas podría ser la conformación de la Rama Delincuencial del oficialismo, una suerte de grupo de choque conformado por experimentados gatilleros que podría ser utilizada contra la gente como uno si las cosas se le ponen espesas al Gobierno.
En esta ficción, que el jefe del Servicio Penitenciario Federal sea murguero, haya integrado la agrupación Los negros de mierda y se defina como “militante” fueron ingredientes no desdeñables de la trama, sobre todo porque –en especial desde las páginas de La Nación– se los incorporó con una intención manifiestamente lombrosiana.
Como artillería opositora, toda la historia es ridícula. Sin embargo el cronista creyó necesario escribir estas líneas para señalar una de las causas que le dio cierta eficacia. Una falla que se sigue repitiendo: la falta de claridad en la comunicación por parte del Gobierno.
Fuente: Infonews.com
A esta altura ya no tiene sentido explicar que no se trató de salidas transitorias de presos –un derecho otorgado por la ley penal a las personas privadas de su libertad a partir del cumplimiento de la mitad de sus condenas–, y mucho menos para participar de “actos políticos kirchneristas”, sino de simples traslados para que pudieran asistir a actividades culturales. Estas actividades también están contempladas por la ley y forman parte de un proceso de resocialización de los detenidos que es tan importante como el cumplimiento efectivo de las penas.
Sin embargo, en la trama de la novela carcelaria –disfrazada de investigación periodística– que montaron los medios hegemónicos se pudo leer una historia de terror que podría sintetizarse así: mediante una utilización discrecional de las salidas transitorias, el gobierno (es decir, el kirchnerismo) los reunió en actos políticos con el fin de cooptarlos, vaya uno a saber con qué terribles intenciones. Una de ellas podría ser la conformación de la Rama Delincuencial del oficialismo, una suerte de grupo de choque conformado por experimentados gatilleros que podría ser utilizada contra la gente como uno si las cosas se le ponen espesas al Gobierno.
En esta ficción, que el jefe del Servicio Penitenciario Federal sea murguero, haya integrado la agrupación Los negros de mierda y se defina como “militante” fueron ingredientes no desdeñables de la trama, sobre todo porque –en especial desde las páginas de La Nación– se los incorporó con una intención manifiestamente lombrosiana.
Como artillería opositora, toda la historia es ridícula. Sin embargo el cronista creyó necesario escribir estas líneas para señalar una de las causas que le dio cierta eficacia. Una falla que se sigue repitiendo: la falta de claridad en la comunicación por parte del Gobierno.
Fuente: Infonews.com

